Viajando de casa a casa

on abril 21, 2015

Me faltaban sólo un par de días más para viajar al siguiente destino. El perder tiempo en buscar un hotel con las 3 B + 1 C (bueno, bonito, barato y, además, céntrico) no era algo que me apetecía hacer mientras disfrutaba las pocas horas de visita a mi amiga y a su familia en París. Después de mucho pensarle, entré a hotels.com y elegí el hotel más cercano a la estación de trenes y que no se saliera de mi presupuesto.

E-r-r-o-r. El siguiente lunes y después de viajar unas 8 horas desde la Gare de l’Est (donde de milagro alcancé el tren, pero ésa es otra historia), llegué a la Estación Central de Hannover o Hauptbahnhof rezando porque no tuviera que cargar por muchas cuadras una maleta casi de mi tamaño y además con la laptop a cuestas. Finalmente, la noche y el cansancio impidieron que lo pensara dos veces antes de entrar en ese hotel de mala muerte.

Llegué pues, a la recepción y un muchacho alemán muy amable me recibió en la minúscula sala. Yo rezaba porque el cargo a mi tarjeta se hubiese realizado y no tuviese que salir a buscar otro mentado hotel en medio de la noche. Después de librada esa preocupación, mi próxima era que (¡¡por favor!!) hubiese elevador. Porque cargar 30 kilos de equipaje 4 pisos no es naaada agradable aunque estés acostumbrada a llevarte madrizas en el spinning. Este tipo de madriza es algo muuuy diferente.

Afortunadamente había elevador. Ufff. Pero mi alivio no fue por mucho tiempo. Al llegar al piso que me correspondía, si hubiera sentido en ese momento la más leve corriente de aire a mis espaldas hubiera salido corriendo como loca de vuelta a la calle. Ninguna luz por ningún lado y el estrecho pasillo era una cosa que parecía salido de una película y no precisamente romántica. Prendí mi celular (afortunadamente aún tenía batería) mientras que las ganas de dormir y de descansar me hicieron seguir adelante para encontrar mi habitación.

Hasta este punto, no te sonará extraño cuando te digo que lo primero que hice tras entrar fue cerrar la puerta con todas las llaves que ésta tenía y poner una silla detrás. Pero otra historia de terror me aguardaba tras explorar la habitación: un olor nauseabundo (similar a las sopas instantáneas de fideos, pero el olor se trataba de ropa de cama sucia) llegó a mi. “¡N-o–m-a-m…!” fue mi exclamación. “¿¿Y ahora dónde madres duermo??” Te lo juro, quería llorar. Cansada y con un buen de sueño encima, lo que menos quería era lidiar con una habitación apestosa y sucia. Pero como pude dormí.

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Imagen: mi habitación en el hotel infame en Hannover.

Al día siguiente no fue mejor. Al bajar al comedor a desayunar, vi a los que a todas luces eran los dueños del hotel: imagínate a la versión gitana de Los Soprano. Genial. Ahora tenía que preocuparme de que no me asaltaran en ese hotel de mierda.

Todos hemos tenido historias de terror en hoteles como la mía. Gracias a Dios tuve la gran fortuna de que no me pasara nada durante los tres días que estuve en la ciudad y hasta tuve la hermosa oportunidad de conocer los mercados de navidad alemanes. Pero volver a pasar una cosa así por ahorrarme unos cuantos Euros…¡ni loca!

Hoy en día hay algo que ha cobrado muchísima importancia en la hostelería: hacer que los huéspedes se sientan como en casa (obviamente mi hotel en Hannover no). Voy a enfocarme solamente en el aspecto del diseño, puesto que los servicios también son parte de esta experiencia de “home away home“. Airbnb ha entendido esto muy bien (si no sabes de que se trata, envíame un correo a alina@theinnerinteriorista.com y te mandaré una invitación para que lo conozcas) y las veces que he tenido la oportunidad de hacer uso de este servicio me ha permitido tener la experiencia local. Pero son cada vez más los hoteles que buscan el enfoque de hacerte sentir como en tu casa, invirtiendo en el diseño de éstos para que disfrutes de tu estancia al máximo. Para el viajero con esto en mente y con interés en el diseño, las opciones cada vez son más y para todos los bolsillos.

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Imagen: Hotel Max Brown en Ámsterdam.

Claro que también depende del segmento de mercado al cual estén dirigidos (un hotel de esos enormes en Orlando donde lo importante que te ofrecen es la conveniencia y el “todo incluido” seguramente no tendrá habitaciones muy interesantes en el sentido decorativo), mientras que los hoteles enfocados al diseño te ofrecen un muy buen escaparate de ideas que después podrás reproducir en casa.

Así que toma nota de estos ejemplos y a lo mejor la próxima vez no estés hospedándote en un hotel, sino que estés viajando de casa…a casa 😉

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Imagen: Habitación del Scandic Grand Central hotel en Estolcolmo.

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Imagen: Detalle de una de las habitaciones del hotel SLS Las Vegas.

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Imagen: Cocina en Gorki Apartments, Berlín.

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Imagen: Habitación del Ham Yard hotel en la ciudad de Londres.

Slider: Detalle de uno de los espacios en el Hôtel Thérèse en París.

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