Ring, ring

on abril 14, 2015

ring ring 1¡Ring, ring! No cabe duda que el teléfono es parte esencial de nuestra vida diaria, gracias a nuestra necesidad de comunicarnos la cual jamás cesa ¡y tan sólo pensar que este aparato surgió hace menos de 150 años! Ciertamente, hoy la vida no la podríamos imaginar sin tener un teléfono cerca.

Ya sea que haya sido inventado por Alexander Graham Bell o por Antonio Meucci, el teléfono (antes que el internet o que la televisión) acortó distancias gracias al viaje que las ondas sonoras de nuestras voces realizan, como ahora lo hace nuestra imagen por Skype al viajar a la velocidad de la luz de un monitor a otro. Pero más allá de su sentido práctico, el diseño de estos aparatos ha evolucionado de manera tal que ahora etiquetamos como “clásicos” a varios de ellos.

Tengo muchos recuerdos de la casa de mi abuela paterna. Una casa construida en los años 70’s con varios desniveles y estancias, era el terreno ideal para los juegos míos y de mis primas. Pero también fue un lugar en el cual se desarrollaron mi imaginación y creatividad, en donde florecieron algunas de las características y pasiones que hoy me definen: fue en el estudio donde leía los cuentos infantiles que habían pertenecido a mi padre y a sus hermanos, los cuales llenaron mi mente infantil de imágenes que relacionaba con Europa, aquella Europa con la cual soñé durante los siguientes años. También fue ahí donde descubrí por primera vez (a la edad de 6) a la Mona Lisa en uno de los libros y donde nació en mi el deseo de dedicar mi vida a las artes plásticas. Y en la estancia tras la entrada principal de la casa, había un teléfono que capturaba mi atención.

No me considero una hipster, a pesar de que ciertos gustos míos podrían calificarse de “alternativos”. Crecí en los 80’s y fui adolescente en los 90’s, supongo que cierto espíritu grunge quedó en mi aunque en realidad nunca fui muy fan de Nirvana, Pearl Jam o Soundgarden pero si de los Smashing Pumpkins. Otras cosas que me interesan si son muy mainstream, te he platicado de mi fanatismo por Oasis y de cómo su música ha formado parte de mi vida. La verdad es que no me interesan las definiciones o encasillamientos mas allá de la practicidad que en algunas ocasiones tienen; siempre he odiado los estereotipos porque considero que, en relación con los seres humanos, no hay nada absoluto: existe una variedad y una mezcla únicas en cada uno de nosotros, cada quien es especial e indefinible.

Así pues, hipster o comercial, alternativa o amante de la cultura pop, lo cierto es que te escribo esto no por que esté de moda lo vintage, sino porque realmente aprecio la historia detrás de cada diseño, porque hay cosas que tienen tras si algo que contar. Si, me gusta lo antiguo, amo el Art Noveau, el diseño de los años 50’s, las artes decorativas de siglos pasados y Antiques Roadshow de la BBC es un programa que me fascina, pero no llenaría mi casa de cosas vintage de pies a cabeza y mucho menos porque sea una moda. Hay muchas cosas nuevas que valen la pena, que buscan comenzar su propia historia.

Este teléfono pues, representa un recuerdo de mi infancia y de la casa de mi abuela. El diseño era fenomenal: parecía una especie de primo hermano del cuernófono de los Picapiedra, en su base estaban los números para realizar las llamadas (como los teléfonos de antes, que tenías que dar la vuelta número por número y si te equivocabas ¡a comenzar de nuevo!). Hace algunos años pregunté a mi abuela si me lo podía regalar, desafortunadamente para ese entonces lo había vendido.

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Si llego a encontrármelo seguro lo compro (¡si sabes de uno que aún sirva dime por favor!). No sólo me traerá recuerdos de la casa de mi abuela, si no de la época donde descubrí y adopté lo que hoy amo. Ése es el verdadero valor de lo vintage, evocarnos los recuerdos gratos de nuestras vidas, como testigos mudos de aquellas experiencias que nos susurran: la vida vale la pena vivirla, sigue adelante y no te detengas.

P.d. ¿Y de qué modelo de teléfono hablo? Se trata del Ericofon (popularmente conocido como “teléfono cobra”) producido en 1954 por la compañía L.M. Ericsson y diseñado en 1949 por los suecos Hugo Blomberg, Ralph Lysell y Hans Gösta Thames.

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